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Experiencias de quienes vuelven de la muerte

15 Abr

Las 7 experiencias de quienes

“vuelven de la muerte”

  • Luz al final del túnel
Muchas personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte describen una escena en la que se ve una luz al final de un túnel.

Ver una luz al final del túnel parece ser la experiencia cercana a la muerte más común, pero según un reciente estudio puede que no sea la única.

En 2011 el señor A., un trabajador social de Reino Unido, fue admitido en un hospital después de desmayarse en el trabajo.

El personal médico estaba punto de insertarle un catéter en la ingle cuando entró en paro cardíaco. A falta de oxígeno, su cerebro dejó de emitir señal alguna. Tecnicamente el señor A. había muerto.

Pero, a pesar de ello, A. recuerda lo que pasó después.

El equipo médico inició el procedimiento de reanimación y A. pudo escuchar una voz que decía: “denle un electro shock”, mientras se levantaba de la cama y presenciaba la escena.

Y en el historial del hospital luego se pudo verificar que lo que el señor A. recordaba era precisamente lo que había ocurrido en el lapso de tiempo en el que todo el mundo le creyó inconsciente.

Lea también: Cómo “resucitaron” a Paul Walker en la gran pantalla para “Furious 7”

Análisis de casos

Bosque
La mayoría de los médicos tratan los recuerdos de momentos cercanos a la muerte como alucinaciones.

La historia de este paciente, recogida en un informe sobre resucitación, es una de tantas que desafían las ideas que tenemos sobre las experiencias cercanas a la muerte.

Hasta ahora, los investigadores asumían que cuando el corazón deja de bombear sangre al cerebro acaba todo nivel de conciencia.

Durante años, aquellos que han conseguido “volver” han recordado sus experiencias. Pero los médicos trataban estos recuerdos como alucinaciones, y los investigadores se han mostrado cautelosos a la hora de hablar sobre estos casos, ya que muchos son vistos como algo que va más allá de la investigación puramente científica.

Pero Sam Parnia, director del centro de resucitación de la Universidad de Medicina en Nueva York, quiso librarse de las suposiciones sobre lo que podían experimentar o no aquellos en el lecho de muerte.

Él y su equipo recolectaron datos de estos momentos durante cuatro años y analizaron más de 2.000 casos de paros cardíacos y momentos de muerte oficial.

Y parece ser que el señor A. no era el único que podía recordar su propia muerte.

Los siete sabores de la muerte

En cerca de un 50% de aquellos casos estudiados por Parnia, los pacientes eran capaces de recordar algo. Pero a diferencia del señor A., sus experiencias no parecían ser hechos que realmente ocurrieron.

Aunque “la gente tiene experiencias en el momento de la muerte”, cada persona interpreta estas vivencias de acuerdo sus creencias, dice Parnia.

Al contrario: recordaban escenarios alucinatorios que Parnia y sus colegas clasificaron en siete categorías.

“La mayor parte de ellas no son consistentes con lo que se cree que son las experiencias cercanas a la muerte”, dice.

“Parece ser que las experiencias de la mente en los escenarios cercanos a la muerte son mucho más complejas de lo que se creía en el pasado”.

Los siete escenarios son los siguientes:

  • Miedo
  • Ver animales o plantas
  • Luz brillante
  • Violencia y persecución
  • Deja-vu
  • Ver a familiares
  • Recuerdo de cosas que pasaron tras el paro cardíaco

Aunque está claro que “la gente tiene experiencias en el momento de la muerte”, según explica Parnia, la forma en la que cada uno de los individuos elige interpretar estas vivencias depende totalmente de sus creencias.

Alguien de India puede volver de la muerte y asegurar que vio al dios Krishna, mientras que alguien del medio oeste estadounidense puede regresar de la misma experiencia y afirmar que vio al dios cristiano.

“Si el padre de un niño del medio oeste le dice a su hijo que cuando muera verá a Jesús y que le transmitirá amor y compasión, por supuesto que verá eso”, dice Parnia.

Paciente
Parnia y sus colegas esperan que su trabajo contribuya al enriquecimiento de la discusión sobre el significado de la muerte

“Volverá y dirá: ’Papá tenías razón, vi a Jesús’. ¿Pero es cualquiera de nosotros realmente capaz de reconocer a Jesús? Yo no sé cómo es Dios, además de un hombre con barba blanca, lo que es una imagen totalmente construida”.

“Todas estas cosas -lo que es al alma, el cielo y el infierno- se escapan a mi entendimiento, y probablemente habrá miles y miles de interpretaciones basadas en dónde naciste y cuáles hayan sido tus experiencias vitales”, continúa Parnia.

“Es importante que seamos capaces de alejar todo esto del reino de las enseñanzas religiosas y ponerlo en escenarios más objetivos”.

Casos comunes

Parnia y sus colegas ya planean estudios que sigan por este mismo camino e intenten responder algunas de las cuestiones planteadas.

También esperan que su trabajo contribuya al enriquecimiento de la discusión sobre el significado de la muerte, y que pueda liberarse de posturas religiosas o escépticas.

Al contrario, opinan, la muerte debe ser tratada como un tema científico objetivo más.

“Cualquiera con una mente medianamente objetiva estará de acuerdo en que todo esto es algo que debe seguir siendo investigado”, añade Parnia.

“Tenemos los medios y la tecnología, ahora es el momento de hacerlo”, concluye.

Lea la nota en inglés en BBC Future

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Ejercicio

23 Abr

Ejercicio

tomado de: Una Gran Aventura: La Muerte
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
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…” Volviendo a su instrucción, sí quiere acrecentar la capacidad de las tres actividades -contacto, impresión, relación- puede practicar un ejercicio simple antes de retirarse a dormir.

Después de lograr en lo posible una posición cómoda, trate de adoptar la actitud interna de que suavemente se va desprendiendo del cuerpo físico, manteniendo el concepto en el plano mental, comprendiendo, sin embargo, que es una simple actividad cerebral. De ninguna manera debe involucrar el corazón. La finalidad es man­tenerse consciente cuando aparta la conciencia del cere­bro y la lleva a los niveles sutiles de la percepción. Usted no abandona permanentemente el cuerpo físico, por lo tanto, no está involucrado el hilo de vida arraigado en el corazón.

 

Durante unas horas y mientras está revestido con los vehículos astral y mental, el objetivo es mante­nerse en otra parte conscientemente consciente. En forma terminante se convierte en un punto de conciencia enfocado e interesado, empeñado en salir del cascarón del cuerpo físico. Se aferra a ese punto, se niega a mirar atrás al vehículo físico, las preocupaciones, los intereses y las circunstancias de la vida diaria, esperando firme­mente el momento en que su negativa actitud hacia el plano físico y su actitud positiva hacia los planos inter­nos le traigan un instante de liberación, quizás un deste­llo de luz, la percepción de una puerta de escape o el reconocimiento de lo que lo circunda, más la eliminación de toda sorpresa o la expectativa que se produzca un fenómeno.

 

Cuando practica este ejercicio de abstracción realiza simplemente un proceso diario muy común.

Si consigue hacerlo con facilidad, cuando llegue la hora de la muerte podrá automáticamente y fácilmente -debido a que su cuerpo físico no ofrece resistencia alguna, sino que per­manece pasivo y negativo- hacer la Gran Transición sin preocuparse por lo desconocido ni temerlo. ..”

  tomado de: Una Gran Aventura: La Muerte

 Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul

 (Alice A. Bailey)

 

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Enfrentando a la Muerte

19 Abr

Enfrentando a la Muerte

Tomado de:
Una Gran Aventura: La Muerte
Por el Maestro Tibetano
Djwhal Khul (Alice A. Bailey
REGRE2

Se necesita valor para enfrentar la realidad de la muerte, y para formular en forma muy definida nuestras creencias sobre el tema… La muerte es el único hecho que podemos predecir con absoluta seguridad y, sin embargo, la mayoría de los seres humanos se rehusa a considerarlo, hasta que lo enfrenta de modo inminente y personal.

Las personas enfrentan la muerte de muy diversas maneras; algunas con un sentimiento de autocompasión, se hallan tan preocupadas por lo que dejan, por lo que termina para ellas, por el hecho de abandonar todo lo que acumularon en la vida, que el verdadero significado del futuro inevitable no les llama la atención.

Otras la enfrentan con valor y encaran lo inevitable, miran la muerte con osadía, porque no pueden hacer nada más. Su orgullo los ayuda a salir al paso del acontecimiento. Aún otros rehúsan considerar en absoluto esa posibilidad. Se autohipnotizan hasta llegar a un estado donde el pensamiento de la muerte es rechazado por la concien­cia, que no lo considera posible, de modo que cuando llega, los toma de sorpresa; están inermes y lo único que pueden hacer es sencillamente morir.

La actitud cris­tiana, por lo general, es más precisa en su aceptación de la voluntad de Dios, adoptando la resolución de con­siderar el acontecimiento como lo mejor que pudiera ocurrir, aun cuando no lo parezca desde el ángulo del medio ambiente y las circunstancias. La firme creencia en Dios y Su propósito predestinado para el individuo, lleva a pasar triunfalmente por los portales de la muer­te, pero si se les dijera que ésta es simplemente otra forma del fatalismo del pensador oriental, y una creen­cia fija en un destino inalterable, lo considerarían falso. Los que así piensan se escudan tras el nombre de Dios.

Sin embargo, la muerte puede ser más que todas esas cosas y enfrentada de distintas maneras. Puede tener cabida definida en la vida y en el pensamiento, y pode­mos prepararnos para ella como algo inevitable, pero simplemente es el Originador de cambios. De este modo haremos del proceso de la muerte una parte planeada de todo nuestro propósito de vida.

Podemos vivir tenien­do conciencia de la inmortalidad, lo que agregará colo­rido y belleza a nuestra vida; podemos fomentar la con­ciencia de nuestra futura transición y vivir con la espe­ranza de su prodigio.

La muerte así encarada, conside­rada como un preludio para una ulterior experiencia viviente, cobra un significado distinto. Se transforma en experiencia mística, una forma de iniciación, que alcanza el punto culminante en la crucifixión. Todas las anterio­res renunciaciones menores nos preparan para la gran renunciación; todas las anteriores muertes sólo son el preludio del estupendo episodio de morir.

La muerte nos trae la liberación temporaria de la naturaleza corporal, de la existencia en el plano físico y de la experiencia visible, que quizás con el tiempo será permanente.

Cons­tituirá la liberación de toda limitación, y aunque crea­mos (como lo hacen millones de seres) que la muerte es sólo un intervalo en una vida de progresiva acumula­ción de experiencia, o el fin de toda experiencia (como sostienen otros tantos millones), no puede negarse el hecho de que la muerte indica una transición definida de un estado de conciencia a otro. (22-243/5)

 

tomado de: Una Gran Aventura: La Muerte

Por el Maestro Tibetano
Djwhal Khul

(Alice A. Bailey)

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La vida, siempre la vida

18 Abr

La vida, siempre la vida

 

red milenaria

Puede parecer a simple vista que hablar sobre este tema que nos ocupa, la reencarnación, y todo lo que ella trae aparejado (vida después de la muerte, la misma muerte , vida entre vidas, karma, etc) es algo lúgubre, algo de lo cual es mejor no hablar por el momento.

Hay mucha susceptibilidad al respecto, sin embargo, no solo hablaremos de muerte, y quizá, no hablemos directamente de ella, sino, por el contrario, de todo lo que significa estar vivo, y de lo que hay que hacer mientras estamos en este plano: aprender, y cómo aprovechar mejor esos aprendizajes… porque de eso se trata el momento clave de morir: partir con un bagaje tal de experiencias y aprendizajes, que nos sirvan para la próxima vida, y que nos alivianen en cierto modo ese camino que tomaremos en el próximo viaje.

Somos viajeros, almas viajeras, que van, de una a otra vida, parando en alguna estación durante más tiempo que en otras. En muchos estudios se habla de determinada cantidad de tiempo tal como lo conocemos, nuestro tiempo terrestre, medido en años, para volver a encarnar, y se dice que quienes vendrán a cumplir con una misión grande y compleja, como guiar a otras almas por ejemplo, tal como lo hicieron los grandes líderes espirituales, pasan muchos años antes de volver a encarnar, entre una y otra vida. ¿Y dónde pasan esos años?, en un “espacio entre vidas” y esa es “la vida entre vidas” que no es una vida aquí en la tierra, sino en otros planos.

Siempre hay vida, como lo estamos viendo, puesto que, si morimos y vamos a un espacio diferente, pero también es un espacio de vida, significa entonces que no hay muerte.

Evidentemente para quienes pensamos en términos espirituales no hay muerte, aunque la misma sea dolorosísima y nos golpee tan fuerte como a quienes piensan que la muerte es el último espacio y el adiós definitivo a una persona.

Sin embargo, luego de ese dolor, que es lógico, pues elegimos encarnar como humanos para sentirlo, para sentir esa sensación de amar, odiar, extrañar, ser indiferentes, sentir culpa, no sentirla, sentir  dolor o no sentirlo.. y tantas otras sensaciones que solo como humanos, solo estando en una vida en este plano terrenal, podemos sentir…

Elegimos, digo bien, y parece un acto de soberbia o herejía si lo miramos desde un punto de vista estrictamente dogmático, desde una religión formal en la cual Dios, el Dios que corresponda según esa religión, tiene el poder sobre la vida y la muerte y sobre cada persona.

Si bien quienes hablamos de reencarnación creemos en un Dios, creemos que Él es una energía algo que ha sido siempre, que ha existido siempre, como un soplo de vida, pero que, a partir de esa energía, nosotros existimos como seres únicos, con nuestro propio poder para decidir qué hacer con él. Por eso hablamos de karma, y por eso decimos que somos los artífices de nuestro propio destino, sea en esta vida o en futuras vidas. Estamos en esta vida para completar aprendizajes de otras anteriores, y también para vivir nuevas experiencias y ver como reaccionamos a ellas y de acuerdo a eso formar un karma nuevo, positivo o negativo según sea nuestra evolución.


 

Mucha gente se asusta y no quiere pensar, no quiere escuchar, no quiere leer, no quiere saber.

Pero esto pasa siempre, en todos los aspectos de la vida, siempre , cuando se habla de un tema que es controvertido, o sobre el cual puede haber diferentes líneas de opinión, mucha gente opta por cerrarse, cerrar los ojos, y no mirar, cerrar oídos y no escuchar, y no saben que justamente esto daría respuesta a muchas dudas, a muchos interrogantes sobre las cosas que suceden en este plano.

Pero como hablar de reencarnación, significa e implica también hablar de muerte, eso asusta, eso aleja, eso atemoriza.

La idea de todo esto, es justamente despejar los miedos, no aleccionar, no dar sermones, no asustar, solo quitar miedos, angustias y dolores por aquellos que han partido, porque eso es lo que sucede ante la muerte, la gente queda dolorida si no sabe a ciencia cierta a donde fue ese ser querido que partió, si no sabe porqué se fue tan pronto, si no entiende porqué ese ser humano que tal vez ni siquiera llegó a ser un adulto, tuvo que irse. Y no saben que eso seguramente ha sido una bendición para ellos, y para los que quedaron. No saben que ese ser tan pequeño que partió tan joven, lo hizo porque su misión ya fue cumplida y qué mejor que partir, y seguir en otros planos más elevados una vida de Luz yd e Paz, como nunca lograrían tener en esta tierra! ¡son bendecidos! Esas almas que partieron y los que dejaron atrás, aquí en este plano… porque desde el espacio de Luz adonde se encuentran hoy, están guiando los pasos de quienes quedaron aquí, para que no tropiecen, para que estén iluminados, para que el camino que deban recorrer sea un camino de pura Luz.

 

©Marianela Garcet

Continuará…

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MORIR CONSCIENTE

26 Mar

MORIR CONSCIENTE

Un artículo muy interesante sobre la importancia de morir consciente

Morir Consciente

En realidad la muerte y el nacimiento no son dos sucesos: son dos lados de un mismo fenómeno, como las dos caras de una moneda. Si un hombre tiene en la mano una cara de una moneda, también tendrá automáticamente la otra.

La muerte y el nacimiento son dos caras de un mismo fenómeno. Si la muerte se produce en un estado consciente, la muerte tiene lugar inevitablemente en un estado consciente. Si la muerte se produce en un estado inconsciente, el nacimiento se produce también en estado de inconsciencia. Si la persona muere plenamente consciente en el momento de su muerte, también estará llena de conciencia en el momento de su nacimiento siguiente.

No podemos hacer nada directamente en relación con el nacimiento: todo lo que podamos hacer estará relacionado únicamente con la muerte. No podemos hacer nada después de la muerte: todo lo que podamos hacer debemos hacerlo antes de la muerte. La persona que muera en estado inconsciente no podrá hacer nada hasta que vuelva a nacer. No hay remedio: seguirá inconsciente. Así pues, si vosotros habéis muerto en estado inconsciente, tendréis que nacer de nuevo en estado inconsciente. Lo que haya que hacer tendrá que hacerse antes de la muerte, pues disponemos de muchas oportunidades antes de la muerte: la oportunidad de toda una vida. Aunque este estado inconsciente es bueno para vosotros, en cierto modo, si todavía no estáis preparados para nacer en estado consciente.

Tendréis que empezar por hacer experimentos con desgracias de tipo menor. Os las encontraréis todos los días de la vida; están presentes todos los días. No sólo las desgracias: tendréis que incluir también la felicidad en el experimento, porque es más difícil ser conscientes en la felicidad que en la desgracia. Tendréis que experimentar el modo de manteneros conscientes tanto en la desgracia como en la felicidad.

Pero en el mundo ya aparecen bastantes desgracias sin que las provoquemos: no hace falta que provoquemos ninguna más. Ya disponemos de muchas desgracias: debemos empezar a experimentar con ellas. Las desgracias aparecen sin ser provocadas, en todo caso. Si podemos mantener la conciencia de que “soy independiente de mi dolor” durante la desgracia que viene sin ser provocada, entonces el sufrimiento se convierte en una disciplina espiritual.

Tendremos que seguir practicando esta disciplina aun con la felicidad que se ha presentado por sí misma. Con el sufrimiento, es posible que consigamos engañarnos a nosotros mismos, porque nos gustaría creer que “yo no soy el dolor”.

En realidad, nada es más difícil que sentir que somos independientes de nuestra felicidad. En la práctica, al hombre le gusta sumergirse por completo en la felicidad y olvidarse que es independiente de ella. La felicidad nos inunda; la desgracia nos desconecta y nos separa del yo. Llegamos a creer, de algún modo, que nuestra identificación con el sufrimiento se debe únicamente a que no nos queda ninguna otra elección, pero damos la bienvenida a la felicidad con todo nuestro ser.

Sed conscientes en el dolor que os llegue; sed conscientes en la realidad que os llegue; y, de vez en cuando, a modo de experimento, sed conscientes también en el dolor provocado, porque en él las cosas son un poco diferentes. Nunca podemos identificarnos plenamente con nada que nos provoquemos voluntariamente. El conocimiento mismo de que es algo provocado genera un distanciamiento.

Estad atentos, tanto en el sufrimiento como en la felicidad; más tarde, algún día, provocaos alguna desgracia y ved cuanto podéis distanciar de ella vuestra conciencia.

La naturaleza sabe que si el hombre es capaz de permanecer consciente en el dolor, también puede mantenerse consciente en la muerte. Nadie es capaz de mantenerse consciente en la muerte sin preparación, sin haber vivido una experiencia previa de ese tipo.

Cuando una persona se prepara plenamente, la muerte se convierte en una experiencia maravillosa. No existe otro fenómeno tan valioso como éste, pues lo que se revela en el momento de la muerte no se puede conocer de ninguna otra manera. Entonces, la muerte parece una amiga, pues sólo cuando acontece la muerte, y no antes, podemos conocer que somos un organismo vivo.

Recordadlo: cuanto más oscura es la noche, más brillan las estrellas. Cuando las nubes son oscuras, el rayo destaca sobre ellas como un hilo de plata. Del mismo modo, el centro mismo de la vida se manifiesta con toda su gloria cuando la muerte en su plenitud nos rodea por todas partes, y no antes. La muerte nos rodea como la oscuridad, y dentro de ella, el centro mismo de la vida, el alma, brilla con su esplendor pleno; la oscuridad que lo rodea lo hace luminoso. Pero en ese momento nos quedamos inconscientes. En el momento mismo de la muerte, que podía ser de otro modo el momento en que conociésemos nuestro ser, nos quedamos inconscientes. Por eso, tendremos que prepararnos para elevar nuestra conciencia. La meditación es esa preparación.

Recordadlo: esto sólo se puede hacer con respecto a la muerte; nada puede hacerse con respecto al nacimiento. Pero cualquier cosa que hagamos con respecto a la muerte afectará también, en consecuencia, a nuestro nacimiento. Nacemos en el mismo estado en que morimos.

La vida está aquí; todavía no ha llegado la muerte, de momento. Ha de llegar con seguridad: nada es más seguro que la muerte. Podemos dudar de otras cosas, pero no cabe duda alguna con respecto a la muerte. Algunas personas dudan de Dios; otras dudan del alma, pero jamás habréis conocido a nadie que dude de la muerte. Es inevitable; ha de venir con toda seguridad; ya está en camino. Se aproxima más y más a cada instante. Podemos aprovechar los momentos que nos quedan antes de la muerte para despertar. La meditación es una técnica que conduce a ese fin.

PUBLICADO POR MARCO HERRERA B. EN 14:56

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