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Un radiante comienzo

8 Jun

Un radiante comienzo

Elizabeth Kübler-Ross: La connotada científica que confirmó que sí existe el Más Allá

Esta médico y psiquiatra suiza recabó centenares de testimonios de experiencias extracorporales, lo que la llevó a concluir que “la muerte no era un fin, sino un radiante comienzo”.
La doctora suiza Elizabeth Kübler-Ross se convirtió en el siglo XX en una de las mayores expertas mundiales en el tétrico campo de la muerte, al implementar modernos cuidados paliativos con personas moribundas para que éstas afrontaran el fin de su vida con serenidad y hasta con alegría (en su libro “On death and dying”, de 1969, que versa sobre la muerte y el acto de morir, describe las diferentes fases del enfermo según se aproxima su muerte, esto es, la negación, ira, negociación, depresión y aceptación). Sin embargo, esta médico, psiquiatra y escritora nacida en Zurich en 1926 también se transformó en una pionera en el campo de la investigación de las experiencias cercanas a la muerte, lo que le permitió concluir algo que espantó a muchos de sus colegas: sí existe vida después de la muerte.

La férrea formación científica de esta doctora, que se graduó en psiquiatría en Estados Unidos, recibiendo posteriormente 23 doctorados honoríficos, se pondría a prueba luego de que a lo largo de su prolongada práctica profesional los enfermos moribundos a los que trataba le relataran una serie de increíbles experiencias paranormales, lo que la motivó a indagar si existía el Más Allá o la vida después de la muerte. Así, se dedicó a estudiar miles de casos, a través del mundo entero, de personas de distinta edad (la más joven tenía dos años, y la mayor, 97 años), raza y religión, que habían sido declaradas clínicamente muertas y que fueron llamadas de nuevo a la vida.

Elizabeth-Kubler-Ross-1“El primer caso que me asombró fue el de una paciente de apellido Schwartz, que estuvo clínicamente muerta mientras se encontraba internada en un hospital. Ella se vio deslizarse lenta y tranquilamente fuera de su cuerpo físico y pronto flotó a una cierta distancia por encima de su cama. Nos contaba, con humor, cómo desde allí miraba su cuerpo extendido, que le parecía pálido y feo. Se encontraba extrañada y sorprendida, pero no asustada ni espantada. Nos contó cómo vio llegar al equipo de reanimación y nos explicó con detalle quién llegó primero y quién último. No sólo escuchó claramente cada palabra de la conversación, sino que pudo leer igualmente los pensamientos de cada uno. Tenía ganas de interpelarlos para decirles que no se dieran prisa puesto que se encontraba bien, pero pronto comprendió que los demás no la oían. La señora Schwartz decidió entonces detener sus esfuerzos y perdió su conciencia. Fue declarada muerta cuarenta y cinco minutos después de empezar la reanimación, y dio signos de vida después, viviendo todavía un año y medio más. Su relato no fue el único. Mucha gente abandona su cuerpo en el transcurso de una reanimación o una intervención quirúrgica y observa, efectivamente, dicha intervención”.

La doctora Kübler-Ross añade que “otro caso bastante dramático fue el de un hombre que perdió a sus suegros, a su mujer y a sus ocho hijos, que murieron carbonizados luego que la furgoneta en la que viajaban chocara con un camión cargado con carburante. Cuando el hombre se enteró del accidente permaneció semanas en estado de shock, no se volvió a presentar al trabajo, no era capaz de hablar con nadie, intentó buscar refugio en el alcohol y las drogas, y terminó tirado en la cuneta, en el sentido literal de la palabra. Su último recuerdo que tenía de esa vida que llevó durante dos años fue que estaba acostado, borracho y drogado, sobre un camino bastante sucio que bordeaba un bosque. Sólo tenía un pensamiento: no vivir más y reunirse de nuevo con su familia. Entonces, cuando se encontraba tirado en ese camino, fue atropellado por un vehículo que no alcanzó a verlo. En ese preciso momento se encontró él mismo a algunos metros por encima del lugar del accidente, mirando su cuerpo gravemente herido que yacía en la carretera. Entonces apareció su familia ante él, radiante de luminosidad y de amor. Una feliz sonrisa sobre cada rostro. Se comunicaron con él sin hablar, sólo por transmisión del pensamiento, y le hicieron saber la alegría y la felicidad que el reencuentro les proporcionaba. El hombre no fue capaz de darnos a conocer el tiempo que duró esa comunicación, pero nos dijo que quedó tan violentamente turbado frente a la salud, la belleza, el resplandor que ofrecían sus seres queridos, lo mismo que la aceptación de su actual vida y su amor incondicional, que juró no tocarlos ni seguirlos, sino volver a su cuerpo terrestre para comunicar al mundo lo que acababa de vivir, y de ese modo reparar sus vanas tentativas de suicidio. Enseguida se volvió a encontrar en el lugar del accidente y observó a distancia cómo el chofer estiraba su cuerpo en el interior del vehículo. Llegó la ambulancia y vio cómo lo transportaban a la sala de urgencias de un hospital. Cuando despertó y se recuperó, se juró a sí mismo no morirse mientras no hubiese tenido ocasión de compartir la experiencia de una vida después de la muerte con la mayor cantidad de gente posible”.

La doctora Kübler-Ross añadió “que investigamos casos de pacientes que estuvieron clínicamente muertos durante algunos minutos y pudieron explicarnos con precisión cómo los sacaron el cuerpo del coche accidentado con dos o tres sopletes. O de personas que incluso nos detallaron el número de la matricula del coche que los atropelló y continuó su ruta sin detenerse. Una de mis enfermas que sufría esclerosis y que sólo podía desplazarse utilizando una silla de ruedas, lo primero que me dijo al volver de una experiencia en el umbral de la muerte fue: «Doctora Ross, ¡Yo podía bailar de nuevo!», o niñas que a consecuencia de una quimioterapia perdieron el pelo y me dijeron después de una experiencia semejante: «Tenía de nuevo mis rizos». Parecían que se volvían perfectos. Muchos de mis escépticos colegas me decían: «Se trata sólo de una proyección del deseo o de una fantasía provocada por la falta de oxígeno.» Les respondí que algunos pacientes que sufrían de ceguera total nos contaron con detalle no sólo el aspecto de la habitación en la que se encontraban en aquel momento, sino que también fueron capaces de decirnos quién entró primero en la habitación para reanimarlos, además de describirnos con precisión el aspecto y la ropa de todos los que estaban presentes”.

La muerte no existe

La doctora Kübler-Ross aseguró que después de investigar estos casos concluyó que la muerte no existía en realidad, pues ésta sería no más que el abandono del cuerpo físico, de la misma manera que la mariposa deja su capullo de seda. ”Ninguno de mis enfermos que vivió una experiencia del umbral de la muerte tuvo a continuación miedo a morir. Ni uno sólo de ellos, ni siquiera los niños. Tuvimos el caso de una niña de doce años que también estuvo clínicamente muerta. Independientemente del esplendor magnífico y de la luminosidad extraordinaria que fueron sido descritos por la mayoría de los sobrevivientes, lo que este caso tiene de particular es que su hermano estaba a su lado y la había abrazado con amor y ternura. Después de haber contado todo esto a su padre, ella le dijo: «Lo único que no comprendo de todo esto es que en realidad yo no tengo un hermano.» Su padre se puso a llorar y le contó que, en efecto, ella había tenido un hermano del que nadie le había hablado hasta ahora, que había muerto tres meses antes de su nacimiento”.

La doctora agregó que “en varios casos de colisiones frontales, donde algunos de los miembros de la familia morían en el acto y otros eran llevados a diferentes hospitales, me tocó ocuparme particularmente de los niños y sentarme a la cabecera de los que estaban en estado crítico. Yo sabía con certeza que estos moribundos no conocían ni cuántos ni quiénes de la familia ya habían muerto a consecuencia del accidente. En ese momento yo les preguntaba si estaban dispuestos y si eran capaces de compartir conmigo sus experiencias. Uno de esos niños moribundos me dijo una vez: «Todo va bien. Mi madre y Pedro me están esperando ya.» Yo ya sabía que su madre había muerto en el lugar del accidente, pero ignoraba que Pedro, su hermano, acababa de fallecer 10 minutos antes”.

La luz al final del túnel

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La doctora Kübler-Ross explicó que después que abandonar el cuerpo físico y de reencontrarse con aquellos seres queridos que partieron y que uno amó, se pasa por una fase de transición totalmente marcada por factores culturales terrestres, donde aparece un pasaje, un túnel, un pórtico o la travesía de un puente. Allí, una luz brilla al final. “Y esa luz era más blanca, de una claridad absoluta, a medida que los pacientes se aproximaban a ella. Y ellos se sentían llenos del amor más grande, indescriptible e incondicional que uno se pudiera imaginar. No hay palabras para describirlo. Cuando alguien tiene una experiencia del umbral de la muerte, puede mirar esta luz sólo muy brevemente. De cualquier manera, cuando se ha visto la luz, ya no se quiere volver. Frente a esta luz, ellos se daban cuenta por primera vez de lo que hubieran podido ser. Vivían la comprensión sin juicio, un amor incondicional, indescriptible. Y en esta presencia, que muchos llaman Cristo o Dios, Amor o Luz, se daban cuenta de que toda vuestra vida aquí abajo no es más que una. Y allí se alcanzaba el conocimiento. Conocían exactamente cada pensamiento que tuvieron en cada momento de su vida, conocieron cada acto que hicieron y cada palabra que pronunciaron. En el momento en que contemplaron una vez más toda su vida, interpretaron todas las consecuencias que resultaron de cada uno de sus pensamientos, de sus palabras y de cada uno de sus actos. Muchos se dieron cuenta de que Dios era el amor incondicional. Después de esa «revisión» de sus vidas ya no lo culpaban a Él como responsable de sus destinos. Se dieron cuenta de que ellos mismos eran sus peores enemigos, y se reprocharon el haber dejado pasar tantas ocasiones para crecer. Sabían ahora que cuando su casa ardió, que cuando su hijo falleció, cuando su marido fue herido o cuando sufrieron un ataque de apoplejía, todos estos golpes de la suerte representaron posibilidades para enriquecerse, para crecer”.

La especialista, en este punto, hizo una recomendación a todos aquellos que sufren el trance de tener cerca a algún ser querido a punto de morir. “Deben saber que si se acercan al lecho de su padre o madre moribundos, aunque estén ya en coma profundo, ellos oyen todo lo que les dicen, y en ningún caso es tarde para expresar «lo siento», «te amo» o alguna otra cosa que quieran decirles. Nunca es demasiado tarde para pronunciar estas palabras, aunque sea después de la muerte, ya que las personas fallecidas siguen oyendo. Incluso en ese mismo momento se pueden arreglar «asuntos pendientes», aunque éstos se remonten a diez o veinte años atrás. Se pueden liberar de su culpabilidad para poder volver a vivir ellos mismos”.

La “conciencia cósmica “ de la doctora Kübler-Ross

La doctora Elizabeth Kübler-Ross, intrigada por todos estos asombrosos relatos, decidió una vez comprobar por sí misma su veracidad. Y, luego de ser inducida a una muerte artificial en un laboratorio médico de Virginia, experimentó dos veces estar fuera de su cuerpo. “Cuando volví a la conciencia tenía la frase «Shanti Nilaya», que por cierto no sabía qué significaba, dándome vueltas en mi cabeza. La noche siguiente la pasé sola, en una pensión aislada en medio del bosque de Blue Ridge Mountains. Allí, luego de sufrir inexplicables dolores físicos, fue gratificada con una experiencia de renacimiento que no podría ser descrita con nuestro lenguaje. Al principio hubo una oscilación o pulsación muy rápida a nivel del vientre que se extendió por todo mi cuerpo. Esta vibración se extendió a todo lo que yo miraba: el techo, la pared, el suelo, los muebles, la cama, la ventana y hasta el cielo que veía a través de ella. Los árboles también fueron alcanzados por esta vibración y finalmente el planeta Tierra. Efectivamente, tenía la impresión de que la tierra entera vibraba en cada molécula. Después vi algo que se parecía al capullo de una flor de loto que se abría delante de mí para convertirse en una flor maravillosa y detrás apareció esa luz esplendorosa de la que hablaban siempre mis enfermos. Cuando me aproximé a la luz a través de la flor de loto abierta y vibrante, fui atraída por ella suavemente pero cada vez con más intensidad. Fui atraída por el amor inimaginable, incondicional, hasta fundirme completamente en él. En el instante en que me uní a esa fuente de luz cesaron todas las vibraciones. Me invadió una gran calma y caí en un sueño profundo parecido a un trance. Al despertarme caí en el éxtasis más extraordinario que un ser humano haya vivido sobre la tierra. Me encontraba en un estado de amor absoluto y admiraba todo lo que estaba a mi alrededor. Mientras bajaba por una colina estaba en comunión amorosa, con cada hoja, con cada nube, brizna de hierba y ser viviente. Sentía incluso las pulsaciones de cada piedrecilla del camino y pasaba «por encima» de ellas, en el propio sentido del término, interpelándolas con el pensamiento: «No puedo pisaros, no puedo haceros daño», y cuando llegué abajo de la colina me di cuenta de que ninguno de mis pasos había tocado el suelo y no dudé de la realidad de esta vivencia. Se trataba sencillamente de una percepción como resultado de la conciencia cósmica. Me fue permitido reconocer la vida en cada cosa de la naturaleza con este amor que ahora soy incapaz de formular. Me hicieron falta varios días para volver a encontrarme bien en mi existencia física, y dedicarme a las trivialidades de la vida cotidiana como fregar lavar la ropa o preparar la comida para mi familia. Posteriormente averigué que “Shanti Nilaya» significa el puerto de paz final que nos espera. Ese estar en casa al que volveremos un día después de atravesar nuestras angustias, dolores y sufrimientos, después de haber aprendido a desembarazarnos de todos los dolores y ser lo que el Creador ha querido que seamos: seres equilibrados que han comprendido que el amor verdadero no es posesivo”.

La Dra. Elizabeth Kübler-Ross, luego que en 1995 sufriera una serie de apoplejías que paralizaron el lado derecho de su cara, falleció en Scottdale, Arizona, el 24 de agosto del 2004. Se enfrentó a su propia muerte con la valentía que había afrontado la de los demás, y con el coraje que aprendió de sus pacientes más pequeños. Sólo pidió que la despidieran con alegría, lanzando globos al cielo para anunciar su llegada.

En su lecho de muerte, por cierto, sus amigos y seres queridos le preguntaron si le temía a la muerte, a lo que ella replicó: «No, de ningún modo me atemoriza; diría que me produce alegría de antemano. No tenemos nada que temer de la muerte, pues la muerte no es el fin sino más bien un radiante comienzo. Nuestra vida en el cuerpo terrenal sólo representa una parte muy pequeña de nuestra existencia. Nuestra muerte no es el fin o la aniquilación total, sino que todavía nos esperan alegrías maravillosas”.

fuente:  http://www.guioteca.com/fenomenos-paranormales/elizabeth-kubler-ross-la-connotada-cientifica-que-confirmo-que-si-existe-el-mas-alla/

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El alma y la muerte clínica

11 Feb

El alma y la muerte clínica

Científicos aseguran que el alma puede abandonar el cuerpo y ver lo que ocurre a su alrededor

DesencarnaciónLas almas de las personas que han sufrido una muerte clínica, abandonan su cuerpo y pueden observar escenas de lo que está pasando a su alrededor en el mundo real, afirma un grupo de investigadores neerlandeses.

Un grupo de médicos ha realizado un estudio con la recopilación de más de 70 casos de personas que relataron la experiencia que vivieron mientras se encontraban clínicamente muertas, y están seguros que la conciencia puede vivir fuera de nuestro cerebro, pero ese mundo no puede ser percibido a través de los sentidos, según el portal ‘Epoch Times’.

El estudio cita el ejemplo de un paciente que se encontrada clínicamente muerto durante 20 minutos luego de una delicada cirugía cardíaca, y que inesperadamente regresó a la vida. Su resurrección por sí sola ya era increíble, pero más increíble fueron las escenas que el paciente vio mientras estaba muerto.

“El paciente describió una luz brillante al final del túnel y la forma cómo salió de su cuerpo. Pero más allá de eso, vio a los doctores conversando e indicó el lugar y la forma exacta cómo estaban parados. Además describió con exactitud las notas médicas que la enfermera escribía en el ordenador”, explicaron los autores del estudio.

 

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Los médicos llegaron a la conclusión de que el paciente realmente debería haber estado fuera de su cuerpo, porque de lo contrario no podría describir las escenas reales de la sala de operaciones y otras cosas. Coincidencia o vaticinio, no puede haber otra explicación realista, concluyeron.

 

Fuente: Paradigma terrestre

Niño de 3 años recordó su vida pasada

11 Feb

Niño de 3 años recuerda su vida pasada

El niño de tres años que recordó su vida pasada, identificó a su asesino y la ubicación de su cuerpo

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Siempre se ha considerado que los niños tienen una imaginación muy viva. Pero, ¿cómo podemos saber si nuestros niños están contando historias o si realmente son la reencarnación de alguien? Hay muchos casos que indican que los niños, de hecho, tienen la capacidad de recordar sus vidas pasadas. Y aunque muchas personas rechazan esta creencia, lo cierto es que los hechos demuestran que se trata de toda una realidad.

¿Pero qué ocurre si un niño reporta un incidente en particular que se puede probar? Por ejemplo, mediante los libros de historia, en los registros de guerra o incluso por los recuerdos de los miembros mayores de la familia.

Y este es el caso de un niño de 3 años de edad, que vive en la región de los Altos del Golán, cerca de la frontera de Siria e Israel, que según relató fue asesinado con un hacha en su vida anterior. Pero lo sorprendente no fueron sus palabras, fue capaz de mostrar a los ancianos de la aldea, el lugar exacto donde el asesino enterró su cuerpo. Después de una investigación al lugar indicado por el muchacho, descubrieron atónitos el esqueleto de un hombre allí, además el arma del homicida, un hacha.

La reencarnación de una víctima por asesinato

En su libro, “Los niños que han vivido antes: La reencarnación en la actualidad”, el terapeuta alemán Trutz Hardo narra la historia de este chico, junto con otras historias de niños que parecen recordar sus vidas pasadas con una exactitud asombrosa. La historia de este niño fue presenciada por el Dr. Eli Lasch, quien es mejor conocido por el desarrollo del sistema médico en Gaza como parte de una operación del gobierno israelí en la década de 1960. El Doctor Lasch, que murió en 2009, le contó los acontecimientos asombrosos a Hardo.

El muchacho era de la etnia drusos, y en su cultura se acepta la existencia de la reencarnación como un hecho. Tan pronto como nace un niño, los ancianos buscan marcas de nacimiento, ya que están convencidos de que éstas provienen de heridas de muerte atribuidas a una vida pasada. Si dichas marcas se encuentran en un niño, los ancianos tratan de descubrir información de su vida pasada, y tan pronto como el niño es capaz de hablar intentan obtener los primeros indicios sobre las circunstancias de su antigua muerte.

Ellos son conscientes de que a menudo los niños pequeños confunden los acontecimientos pasados ​​y presentes, así que tan pronto como el niño tiene tres años y es capaz de distinguir entre los acontecimientos del pasado y su vida actual, el niño es llevado al lugar que ha descrito y en el que afirma haber vivido en una vida pasada (siempre que el niño en cuestión mencione tal lugar). Dado que se trata por lo general una circunstancia inusual, se forma una especie de tablero de nativo para la investigación, dirigido por varios respetados ancianos de la aldea.

Incluso con estos datos, la historia del pequeño de tres años llegó a sorprender a toda su comunidad. El pequeño nació con una gran mancha de nacimiento en la cabeza de color rojo. Cuando el niño tenía la edad suficiente para hablar, le dijo a su familia que había sido asesinado por un golpe en la cabeza hecha con un hacha, además de recordar el nombre que tuvo en su vida pasada. El chico decía ser la reencarnación de un hombre que había desaparecido cuatro años antes. También recordaba el nombre completo de su asesino.vida-pasada-ninoDebido a la expectación creada por las declaraciones del muchacho, muchos curiosos se habían reunido para presenciar lo imposible. De repente, el muchacho se acercó a un hombre y le dijo: “¿No eres tú…?” El hombre respondió que sí. Entonces el muchacho dijo: “Yo solía ser su vecino. Tuvimos una pelea y me mató con un hacha”. El hombre se quedó sin habla y sin poder reaccionar pero él no admitió el asesinato.

Entonces el niño les dijo a los ancianos donde estaba enterrado el cuerpo. En ese mismo lugar, encontraron el esqueleto de un hombre con una herida en la cabeza que correspondía a la marca de nacimiento del niño. También encontraron el hacha, el arma homicida. Todo el mundo se quedó mirando el asesino quien finalmente admitió el crimen delante de todos. El Doctor Lasch, fue el único no-druso que estuvo presente a través de todo este increíble proceso.

¿Cómo podía haber sabido el pequeño donde había enterrado su cuerpo después de su muerte? ¿Cómo pudo reconocer a su asesino? ¿Cómo un niño tan pequeño recordaba tantos detalles de una vida pasada? Son muchas las preguntas que acompañan a este inusual caso, que escapa a cualquier explicación de la razón.

Fuente: Paradigma Terrestre

El miedo humano a la muerte

23 Ago

El miedo humano a la muerte

Por David Topí, 22-08-2013

El miedo humano a la Muerte

Si habéis leído los artículos de los últimos meses ya habéis visto que llevo algún tiempo trabajando con terapia regresiva, tanto en mi como en otros amigos, para investigar, comprender y experimentar de primera mano todo lo que sucede, o nos sucede a cada uno, en el llamado periodo entre vidas, cuando no estamos embutidos en el cuerpo físico, cuando somos solo ese “ser” que entra y sale de un mundo energético, etérico, para ir a mundo denso, físico.

Personalmente las regresiones que he vivido me han abierto los ojos y me han dado una información que no tiene precio para mi, y para lo que me interesa conocer de este proceso que es el juego de la vida, y desde luego, como terapeuta, lo que he sacado investigando con amigos y compañeros ha sido mucho más, pero mucho más, sorprendente e interesante y me ha abierto las puertas a realidades mucho más grandes de lo que había soñado nunca y han puesto en marcha acontecimientos para los que ya no hay vuelta atrás.

De todo esto, y para los que queráis tener una idea de cómo funciona todo este mundo de la terapia regresiva os recomiendo los libros de Michael Newton y Brian Weiss, son básicos para empezar, no explican cómo hacer terapia, explican los resultados que ellos se han encontrado, y como yo estoy llegando en resultados igual de interesantes y paralelos, en algunos casos, creo que son una buena base para empezar a moverse por este mundo.

El tema que hoy tenía intención de explicar tiene que ver con lo que un “guía” me dijo una vez: “el mayor temor de los humanos es el temor a la muerte” (vamos a hablar de guías como nombre genérico para todo tipo de seres con los que interactuamos cuando estamos en el periodo entre vidas, normalmente en el llamado alto astral o en el plano mental, aunque en algunos casos, ¡mucho más lejos!).

Y parece ser cierto, desde el lado de los que estamos vivos, porque os aseguro que desde el lado de los que “se van” es totalmente lo contrario.

Una gran liberación y un gran trauma

Cada vez que he revivido una de mis muertes en alguna de mis vidas pasadas, ha sido una liberación. No puedo explicarlo mejor. Cada vez que salía de mi cuerpo, y si es correcta mi información, lo he hecho más de 1000 veces, lo veía ahí abajo, tumbado, donde fuera que estuviera cuando acababa de fallecer, me sentía libre, por fin todo había acabado, por fin volvía “a casa”. En uno de los libros de Michael Newton, otra persona dijo que salir de una vida es lo mismo que salir de una piscina donde has estado buceando durante muchos años, bajo el agua, y de repente salir a la superficie y respirar aire fresco. Pues eso.

Todas las personas que he sometido a regresiones, tras la salida del cuerpo se sentían bien, contentos, liberados. Luego hay otras emociones diferentes, pero son por otras causas. Yo he sentido cabreo, frustración, desespero y cansancio, pero, personalmente, ha sido por el hecho de haber entrado y salido de una vida sin haber cumplido la misión que me había propuesto cumplir, cosa de lo que te das cuenta inmediatamente tras abandonar el cuerpo físico, porque recuperas la memoria de quien eres en realidad. Lo mismo me ha pasado con algunos amigos que al salir se han sentido cansados y apesadumbrados, por los mismos motivos, pero no por haber dejado atrás la existencia física, que es siempre un motivo de “alegría” para el que se va.

Lo difícil es bajar de nuevo

Sin embargo, es curioso, que, para muchas almas (vamos a usar este termino de forma genérica como el ser que somos, aunque ya vimos en artículos anteriores lo que el alma es realmente en referencia al espíritu) es la entrada en una nueva vida lo que cuesta más. Primero, no todo el mundo quiere bajar de nuevo, a muchas almas les cuesta enormemente tener que volver a la Tierra, no hablo ya de errantes o almas que vienen a ayudar y bueno, se resignan a entrar una y otra vez para cumplir sus promesas de ayuda, sino de cualquiera de nosotros que simplemente entra y sale de una vida para recoger experiencias, crecer y evolucionar.

La entrada, en todos los casos, es lo más traumático del proceso. Salir del mundo etérico del alto astral y tener que bajar otra vez al mundo de la materia. No es fácil. Se hace con ilusión porque es otra aventura más, pero no siempre es algo que sea fácil, pues la entrada en un cuerpo físico exige ciertos sacrificios a ese ser, entre otros, reducir la vibración, encajar en un cuerpo pequeño, perder la memoria de quien eres, y tener que empezar de cero. No es de extrañar que la salida del “juego” de la vida sea siempre un “buf, por fin se terminó esta partida”.

La muerte no es el final de nada, es una transición entre dos estados. Una entrada y salida. Como dijo otro ser que estaba con la persona en el periodo entre vidas, “si no perdemos el miedo a morir, no terminaremos por aprender nunca a vivir”. Y es que cada uno de nosotros elegimos el momento de entrar y el momento de salir, nada ni nadie nos puede hacer cambiar esos dos puntos excepto nosotros mismos, por lo que todos nos vamos cuando lo consideramos oportuno, y cada cual tiene sus razones para abandonar una encarnación cuando lo hace, sin que eso signifique una modificación de los parámetros acordados con aquellos que tiene alrededor y con los que ha encarnado. Si se nos va gente antes de tiempo, desde nuestro punto de vista, es porque así lo habían decidido, si nos vamos nosotros antes que otros, es porque así lo hemos pactado. En este tipo de situaciones siempre hay pactos y acuerdos pre-karmicos.

Una amiga mía en una regresión donde estuvimos revisando su antepenúltima encarnación vino para vivir solo 15 años, darle un mensaje a sus padres, hacerlos despertar a un cierto tipo de visión del mundo y largarse de nuevo mediante un accidente provocado por ella misma a nivel de alma, pues la misión se había cumplido. Todos los casos son iguales y no hay fallos en el sistema. Los que se quieren ir antes de tiempo tienen que buscarse la vida para que los acuerdos y lecciones que habían prometido llevar a cabo se hagan de alguna otra forma, si es que ya no desea cumplir su parte del trato a nivel físico, pues el libre albedrio sigue existiendo, sin embargo, eso no le exime de la responsabilidad de cumplir esos acuerdos de alguna otra forma, de ahí que queden cosas pendientes entre personas de una vida a otra, o de ahí que se reconfiguren las vidas de aquellos que han sido “dejados atrás” para permitirles seguir creciendo y avanzando por otro lado. Todo este proceso es siempre dinámico, nunca es estático, y siempre está en constante re-parametrización y reconfiguración.

Fallecimientos masivos y desastres naturales

Por otro lado, muchas veces, cuando mueren miles de personas en desastres naturales, en eventos de enorme magnitud que nos afectan a todos a nivel del inconsciente colectivo, nos parece una desgracia que esto pueda suceder. Sin embargo, todas esas almas han acordado irse en ese preciso momento, y por eso esa persona se encontraba “ahí”, en ese lugar, en ese instante. Quizás las razones individuales de cada individuo sean diferentes, quizás no, quizás hay algún tipo de acuerdo, karma, lección o experiencia común necesaria. Pero, en todo caso, todos, a nivel de alma, sabían donde tenían que estar y cuando tenían que estar. A los que no les tocaba, su ser ya se encargó de sacarlos de la zona.

En estos momentos en los que nos encontramos en el planeta, el tema de los desastres naturales es algo in crescendo. Ya sabéis que los terremotos, huracanes, volcanes, socavones, tormentas fuera de control, etc., etc., llevan algún tiempo al alza y seguirán así. Sabemos que se debe al influjo de energías de alta vibración, que llamamos de cuarta densidad, chocando con energías de baja vibración, con clústeres de energías 3D negativas que tienen que desaparecer y transmutarse para que las otras puedan integrarse, y de ahí que la naturaleza esté haciendo un trabajo de equilibrio constante. Sobre este tema, otro guía nos dio una explicación muy clara en otra sesión.

La conversación había derivado al trabajo que están haciendo muchos seres de los planos no físicos para equilibrar los campos energéticos de la Tierra:

David: pero siguen habiendo muchos terremotos, huracanes, socavones, etc..

Guía: es necesario David

David: es para transmutar energía, supongo…

Guía: correcto. Cuando vosotros empleáis vuestro lenguaje, desastres naturales, no tendríais que llamarlos así, son equilibradores naturales. Hay gente en vuestro planeta, que, con su buena intención están trabajando en contra de estos equilibradores naturales, porque están pidiendo que no sucedan, que no se muevan. Y tienen que moverse, lo que pasa es que las personas, muchísimas personas que viven en vuestro planeta, no comprenden todavía la muerte física, ni siquiera la vida. Y lo ven como un drama, cuando no es ningún drama, es vida, en realidad todo es vida. Incluso la muerte es vida. No tendría sentido si no, y no el sentido que vosotros le dais. Es vida, más vida y más vida.

David: es una transición entre dos experiencias físicas, nada mas…

Guía: correcto David

Ya podéis ver el punto de vista de todos estos seres que nos asisten y que asisten al planeta, la muerte no representa nada más que quitarse una chaqueta, pasar un tiempo de descanso y volver a ponerse otra.

El problema es que este miedo a morir viene de la psique y del cuerpo orgánico que usamos, no proviene del ser que somos. El miedo a fallecer es parte del traje, no de la esencia, pero lamentablemente a veces el traje dirige la experiencia, y dejamos de estar en resonancia con la verdadera razón de nuestra encarnación: una visita temporal para poder recoger experiencias físicas, porque este no es nuestro hogar, nuestro hogar es el que está “allá arriba”, pues de allá venimos y allá volvemos entre “escapadas” al mundo físico, lamentablemente sin recordar cuando estamos en el mundo físico que esto solo es un momento de paso, y que estés en el plano que estés y en el estado que estés, todo es vida, vida y más vida.

tomado del Grupo de Google “Las Enseñanzas de Kryon”.

solicita información sobre el estudio de vidas pasadas sin regresión y/o el libro sobre Vidas Pasadas de Marianela Garcet completando el siguiente formulario de contacto:

 

 

La Prueba Científica de la Reencarnación IV

12 May


http://preparemonosparaelcambio.blogspot.com.ar/2012/05/la-prueba-cientifica-de-la.html

Fecha Artículo: 21.5.12 Publicado por: Jorge Ramos

Stevenson comenta:

“El hizo capaz que yo pudiera publicar por escrito un sustancial número de reportes de casos que de otra manera hubieran quedado como manuscritos en los estantes de mi oficina. El me admitió que creía que mis libros “eran para el futuro” . Desafortunadamente, él murió antes de ese futuro que él esperaba ver realizado, y su sucesor tenía una diferente opinión de cómo tenía que ser ese futuro. Tuve que encontrar un nuevo editor, pero la fortuna me favoreció nuevamente y me condujo a Praeger Scientific Publishers y luego a Robbie Franklin de McFarland and Company.”

En 1980 un colega de la universidad le presentó a Peter Sturrock, quien le explicó su idea que luego se convirtió en la Society for Scientific Exploration. Esta sociedad mantenía una publicación (Journal of Scientific Exploration) que fué de gran utilidad para dar a conocer a otros científicos las investigaciones realizadas por el equipo de Stevenson.

Comentaba Stevenson sobre la favorable política de la Sociedad de aceptar las publicaciones que muchas veces desafiaban el punto de vista que mantenían otros científicos:

“La Sociedad me ofreció las primeras oportunidades de reportar adecuadamente dos de mis más significativas investigaciones. Me refiero, en primer término, a las marcas de nacimiento y malformaciones que ocurren frecuentemente en niños que han presentado memorias de vidas pasadas; y segundo, a lo que yo creo que son importantes residuos de comportamiento inusual derivado de estas vidas pasadas. Ya en mi primer viaje a Asia en 1961 los informantes persistían en llamar mi atención a estos dos rasgos de los casos. Ahora encuentro que esto ha significado una fuente de disgusto para mí el no haberme decidido a publicar los detalles completos sobre las marcas de nacimientos y malformaciones hasta 1997.”

Stevenson cuenta en uno de sus libros que le llevó más de diez años el empezar a darle el valor que tenían las marcas de nacimiento y los comportamientos de los niños. Al principio solo los tomaba como coincidencias y ponía toda su atención en las declaraciones verbales de los niños.
En 1997 Stevenson se embarcó en un proyecto que parecía un tanto audaz, pero que a la vez tenía la posibilidad de hacer conocer sus investigaciones a un público general.

Así lo expresa Stevenson:

 

“Accedí al pedido de un escritor de acompañarme en viajes de estudio por Asia. El iba a mirar “por encima de mi hombro” cuando yo condujera las entrevistas para los casos. Iba a pagar sus propias expensas y luego iba a ser libre de escribir sobre sus impresiones sin censura de mi parte.

Esto terminó saliendo bien. El escritor era Tom Shroder, que es actualmente un “senior editor” con el Washington Post.


 

 Tom era un sociable compañero de viaje, y soportó bien las frecuentes asperezas e incomodidades de los viajes por Lebanon e India.

 El libro que escribió se titula: “Old Souls: The Scientific Evidence for Past Lives” (Shroder, 1999).

Lo que dice me parece honrado, hacia mí y, lo que es más importante, honrado hacia los niños que recuerdan estas vidas. Este libro también ha colaborado a difundir la información sobre los casos de estos niños.”

Por su parte, Tom Shroder cuenta en su libro, que al finalizar uno de sus últimos viajes junto a Stevenson, éste le hizo una pregunta a Schroder (que, en palabras del mismo Schroder, en realidad era un extraño, un periodista escéptico que había visto lo que el tenía para mostrar).

Stevenson le pidió que le explicara:

“Cómo los científicos, que profesan no mantener ningún dogma que la evidencia razonable no pueda abolir, ignoran los volúmenes de evidencia razonable que se les han provisto.”

Tom Schroder escribió un libro completo sobre sus viajes con Stevenson. Si bien no aporta significativas nuevas evidencias, nos presenta el lado humano de Stevenson en toda su magnitud.

Cuenta Schroder que en una ocasión le preguntó a Stevenson si él consideraba que sus investigaciones habían “probado” la reencarnación. A lo que Stevenson contestó:

“Yo no pienso que haya ningún tipo de prueba en la ciencia aparte de las matemáticas”, sin embargo, agregó, “Sobre los casos que conocemos hoy -al menos para algunos de ellos-, la reencarnación es la mejor explicación que hemos podido encontrar.

Hay un impresionante volúmen de evidencia, y pienso que con el tiempo se está haciendo cada vez más fuerte.

Pienso que una persona racional, si lo desea, puede creer en la reencarnación en base de esta evidencia”

Ian Stevenson murió a los 88 años a causa de una neumonía, el 8 de Febrero de 2007 en Charlottesville.

La Prueba Científica de la Reencarnación

http://preparemonosparaelcambio.blogspot.com.ar/2012/05/la-prueba-cientifica-de-la.html

Fecha Artículo: 21.5.12 Publicado por: Jorge Ramos

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